viernes, 8 de diciembre de 2023

8 de diciembre

 8 de diciembre 

Mi tía D manejó una depresión desde los 40. Su madre había muerto a esa edad. Decía que le tocaba lo mismo. Estuve cerca. Se lo escuché. Yo tenía catorce.

La imagen de mi tía es la que nuestras vidas renovaron. La recuerdo con sobrepeso y dificultades de movilidad, pero sé que en ese momento tuvo un tratamiento por la tiroides, que ella decía quemaba, y su estabilidad psíquica se fracturó.

Ella que hasta entonces se ajustaba al papel asignado, perdió cordura y bajó los brazos.

Yo iba a sustituirla, mi primo sólo me lleva un mes. La hija mayor, R, estaba ya en Barcelona trabajando. La pequeña, B, era demasiado pequeña para cooperar en las tareas domésticas.

Recuerdo acciones de limpieza que hice a gusto, porque mi tía era especial para mí. Me sentía querida por ella.

Recuerdo que mi tío tenía su carpintería. Veo en mis recuerdos el espacio y la ubicación.

La madre de mi tío se hacía cargo de la comida. Supongo que era en verano y yo estaba de vacaciones, porque dudo que hubiera colaborado dejando mis clases.

Mi primo estaría con su padre. Le siguió en el oficio.

Mi abuela Ana, a la que debo mi nombre, me ha costado pensarla como tal. Papá me habló de ella. De que un día como hoy los dejó huérfanos. Esta festividad marca mi pasado. A ella debo la memoria de estas líneas.

Mi tía murió poco antes que papá. Fui al tanatorio. No pude hacer más. Debía acompañar a papá. No recuerdo su fecha. Sí, que eran días en que debía quedar con papá, porque M, la mujer que estaba con él como interna, debía hacer sus festivos o vacaciones.

D intentó suicidarse en vida de mi tío. La internaron. Posteriormente, no sé de otros episodios.

La depresión que le quedó tras el tratamiento de tiroides marca un antes y un después.

Ella y otras mujeres de mi familia me dieron amor.


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