17 de enero
Anoche pensaba en lo que mamá me contaba sobre sus primeras vivencias de casada.
Que en el pueblo veían precipitada su boda, y que alguien dijo que estaba sangrando. Por lo visto con la regla (menstruación).
Eso me lleva a evocar un eufemismo al respecto. Que hay mondongo.
Que tuvo que dejarle unas medias, prenda imprescindible para las mujeres en esa época, que siempre debían llevar, hiciera la temperatura que hiciera. Eso y faldas.
Los que se vestían por abajo eran ellos.
En esos tiempos aún había mujeres que llevaban calzones rajados para poder orinar de pie.
Mi madre se había cosido todo a mano. su madre, mi abuela, le ofreció comprar una máquina de coser, pero como le dijo que no se la podría llevar, le respondió que así no la quería.
Una vez casados, quizás después de un par de años, compraron una Alfa a plazos. En esa aprendí yo.
Yo me compré una Singer de enésima mano en los encantes de Barcelona. Allí fui encontrando muchas cosas, en los primeros años en que me instalé en el barrio.
Ahora no adquiero nada que no sea nuevo e imprescindible.
Las dos máquinas de coser no sé por dónde paran.
La mía se la di a una mujer que sé que ya no está viva. A ella, también le di mis zapatos de tacón. En mis tiempos los llevaba de seis centímetros. Recuerdo que tuve unos negros con una pequeña plataforma.
Yo me transformaba si iba a una boda. Zapatos y falda. Siempre tuve buena percha. Eso se hereda.
Comúnmente visto casual y cómoda. Cada vez más.
Volviendo a los recuerdos de anoche. Los ahorros con que contaban mis padres, cuando se casaron, se fueron en pagar deudas acumuladas. Eran gastos familiares de aquellos momentos en que iban por algo y se lo apuntaban.
Cuando se fueron del pueblo a la ciudad, mamá llevaba un billete de cinco pesetas de las de antes, dentro de su devocionario.
Libro que tenía a menudo en sus manos, y yo conservo.
Añado que el día que sufrió el infarto que trastocó nuestras vidas, lo tenía en sus manos. Eso me contó posteriormente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario