28 de noviembre (V)
Tenía prisa por salir de sus dominios. De sus normas.
Mi mayoría de edad, 21. Nací en el 54.
Me recuerdo muy niña haciendo trabajos a mi alcance, en la casa y en el cuidado de los animales.
Estar activa es lo habitual. Leer y escribir es una de mis actividades más preciadas.
Las creencias son constructos sociales. Nací dentro de un entorno que no admitía otras creencias, o la negación.
Aprendí sus rituales y ceremonié con ellos.
Con la posibilidad de dar clases en escuelas de EGB, marché a Barcelona.
En el 82 adquirí mi vivienda. Antes fui de alquileres anuales sin renovar. Allí mis cosas llegaron en una Camioneta que contraté. Era enero del 1982. Había vivido sola y salido de algunos naufragios. La casa tenía muchas carencias, pero era mía. Fui abonando una cuota mensual de un préstamo personal. No me facilitaban ninguna hipoteca. Posteriormente cambiaron las políticas bancarias. Me dijeron que no la podría asumir. No en sus criterios. Tenía mi nómina y ninguna carga. Podía. Así que lo cogí con lo que no había gastado. Entonces no me planteaba el ahorro. Simplemente aquello de no estirar el brazo más que la manga. Ayudaba, en esa época, que desayunar y comer fuera de casa era factible, sin ningún descalabro. Tenía para cultura y encuentro con mi gente. Lo que no hice fue invertir en reformas o muebles. Ni siquiera tuve, al principio, ningún electrodoméstico. Ni lavadora, ni nevera, ni cocina. Entonces nada de microondas. Para hacer algo, un camping gas.
Allí donde trabajaba hubo comedor escolar, pero muchas veces salí para volver renovada.
Cuando salía me iba a las Ramblas. Por la tarde, solía volver andando, entrando en librerías, muchas de viejo. Iba siguiendo estrenos de cine y arte y ensayo. No tenía televisión. La primera que compré, pequeña en blanco y negro, para desarrollar una afición que me cuajó cuando hacer vídeos estuvo a mi alcance.
Posteriormente entró la de color. También pequeña.
Hubo una época en que instalé antena y seguí alguna programación.
En los inicios de los noventa me encaramé a la informática. Los cursos, cursillos, nos los ofrecían a docentes, después de clases y en las escuelas de verano.
En el 2006 entré en la dinámica bloguera y desde entonces ando entre pantallas, participando de esta comunicación.
No dormí. El moqueo y congestión no me dejaron. Ahora parece que empieza a remitir. Veremos.
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