martes, 12 de diciembre de 2023

12 de diciembre

 12 de diciembre 

Me llamaban progre.

Nos lo llamaban.

Era mediados de los setenta.

Con mi mayoría de edad estrenada.

Entonces a los veintiuno.

Estuve en Deva.

Reconozco que esa fecha es el paso que me lleva a seguir mi rumbo.

Rumbo que dio tumbos y giró bruscamente en muchas ocasiones.

Mis padres dejaron de incordiar.

Terminé los estudios y empecé a tener mis recursos.

Mi premisa era no hacer aquello que no quería.

No siempre tuve lo que quería.

No por ello desesperé.

Tras el duelo de pérdida renacía.

No me importaba negar.

Debía ser yo misma.

No admiré.

No fui fan.

Quería conocimiento.

Ser parte de ese mundo intelectual que me atraía.

Leer era adquirirlo.

Poseer libros era atesorarlo.

Vivir.

Probé muchas vidas posibles.

Las abandoné o me abandonaron.

Si en ese tiempo hubiera escrito no las habría vivido.

Caí y me levante.

Reí.

Lloré.

Desesperé.

Nunca lo intenté.

Aunque el vacío pareciese que no me dejara.

Nunca lo intenté.

Bebí.

Me corté el cabello.

Grite.

Nunca lo intenté.

Quise liberarme de ataduras morales e ideológicas.

Quería un mundo mejor.

Fallé.

Tocaba seguir y sobrevivir.

Mi flaqueza y fortaleza.

Amar.

Querer.

Desear.

Buscar la inmediatez.

Desgastar la tenacidad.

Pasar por la vida y ver.

Observar.

Escuchar.

Pensar.

Pensarlo todo.

Revisar mis respuestas una vez las tuve.

Disimular.

Contener impulsos de negatividad.

Denigrar mis actos si la mirada otra los descontara.

Muchas veces, de aquello que me sentía ufana, un comentario o una mirada me llevaba al menoscabo. A su inflación.

Esas personas no saben por mí que me hicieron daño.

No quise responder.

Oculté el desagrado, pero me alejé.

Poco a poco me fui distanciando, difuminando mi presencia y quedándome en mi espacio, alejándome.

Desconfianza y distancia.

Soledad.


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