martes, 16 de enero de 2024

16 de enero

 16 de enero

9:19

Se mueven nubes grises. Suelo mojado. Amanecer tardío.

Las luces en la calle apagaron, no así en el centro comercial. Tienen distintos sensores.

De pie desde antes de las ocho.

15 ºC es buena temperatura para este invierno vigués.


11:19

Laurel. El pollo hirviendo. Olor del que le he puesto.

Haremos sopa de fideos.

Recuerdo. Papá y mamá tuvieron una hermosa mata de laurel creciendo junto a las otras que tenían en la larga galería de la delantera del piso, ocupando y alegrando, su habitación, el salón comedor y mi dormitorio.

Después de enterrar a papá, cuando entré en casa, todo se había marchitado. Nadie tuvimos en cuenta que esas macetas necesitaban riego.

Nuestras vidas colapsadas. 

No volví, después de mover mis cosas con ayuda de A. Ella las llevó en su furgo. No todas, porque le dejé lo que pensé le era útil y para mí prescindible. Incluso unos botines de papá y su tabardo.

Vuelvo en mi memoria a ese pasado.

Mi hermano vendió la casa.

A veces, me gustaría haber pensado en llevarme algo. Detalles que quizás tiraron.

Nada queda de ese viaje.

Suerte que me llevé las fotografías.

Los objetos de valor, me ofrecieron coger alguno, pero no quise.

Desde que ese adiós sin retorno, a mamá, y después papá, nada de valor es valor para mí. Ornamentos de oro o plata que espero valore su nieta, mi ahijada. Yo misma le he dado algunas cosas. Ya no luzco anillos ni pendientes. Nada de ello me cuaca.


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