Queríamos, queremos transcender.
Es posible que con nuestros latidos en pantallas hagamos argamasa de un lenguaje universal.
Queríamos, queremos transcender.
Es posible que con nuestros latidos en pantallas hagamos argamasa de un lenguaje universal.
Activarse para un mundo multitudinario y no sentirse nadie es lo más que pueda desearse.
En pequeños grupúsculos nos sentimos alguien.
En la calle nos cruzamos sin vernos.
No era así.
Hubo un tiempo en mi vivir en que no era invisible al mundo que me rodeaba.
Entonces no había pantallas para interactuar. Nos mirábamos a la cara y si coincidíamos a menudo había un reconocimiento y un gesto de saludo.